miércoles, 9 de septiembre de 2020

Lo esencial es invisible a los ojos

 




Volvemos a estar casi confinados, no podemos reunirnos, no podemos encontrarnos, estamos en casa leyendo y he encontrado este articulo y a falta de inspiración no me resisto a copiarlo.

Espero que os guste tanto como a mi.


*EL PRINCIPITO Y LA ROSA*

 

-"Te amo" - dijo el principito... -"Yo también te quiero" - dijo la rosa. –

 

"No es lo mismo" - respondió él... "Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía... Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes. Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento.

 

Cuando el "bien" querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

 

 Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

 

Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.

 

 Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro. Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

 

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos. Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar."


lunes, 13 de abril de 2020

Nuestro propio COVID19






Ya han pasado algunas semanas de aislamiento, ya sabemos cuáles son las medidas que debemos tomar para no caer en las garras del Coronavirus, conocemos las diferentes teorías para evitar contagios y somos conscientes de que lo estamos haciendo bien, pero cada día que pasa escuchamos nombres de “caídos” que nos van sonado más próximos a nuestra familia, amigos o simplemente conocidos.


Estamos pendientes de las noticias para saber los números que las estadísticas del Gobierno nos comunican día tras día. Nos estamos volviendo unos expertos en los fríos números que son eso, tan solo números, sin nombre ni apellidos, sin imagen alguna, sin cara.
Han pasado ya varias semanas y nos esperan otras tantas para ver la luz al final del túnel y tal como decía una comentarista, tal vez esa luz es un tren que nos viene de frente, pero así y todo no nos podemos dejar llevar por el desaliento. Estamos obligados todos a ser optimistas y enfrentarnos a esta pandemia con el coraje y la fuerza que tenemos más que demostrada en esta larga vida nuestra.


Por ello creo que puede ser interesante que nos paremos a pensar un momento en lo que este largo tiempo de aislamiento de nuestros seres queridos, familiares, amigos o vecinos han hecho de nosotros.

-      ¿Qué es lo positivo y que es lo negativo que hemos descubierto en este periodo de aislamiento?
-      ¿Qué es lo mejor y lo peor que hemos vivido en estos días?
-      ¿Quién me ha sorprendido o desengañado con su actitud?
-      ¿He cambiado a mejor o a peor con el aislamiento?

sábado, 21 de diciembre de 2019

¿Navidad o Año Nuevo?












¿Qué se celebra este mes? ¿Por qué algunos estamos alegres y por qué otros están tristes extrañando a sus ausentes? ¿O quizás les agobian los gastos que se le avecinan? Estamos en un mes lleno de luces, música y colores. Los comercios no paran de vender de todo y nosotros compramos y compramos. Hacemos listas interminables de regalos, de carnes, mariscos, turrones, perfumes y siempre notamos que hay que volver a la calle, después de adornar nuestra casa con todo tipo de cosas y seguir comprando alegres, o tal vez malhumorados, recorriendo calles y plazas iluminadas y tarareando las melodías que nos acompañan.



En Diciembre estamos obligados a estar contentos y yo me pregunto ¿por qué? ¿Tal vez porque se acaba un año que no nos ha sido muy favorable y confiamos que el nuevo año nos traiga alegrías nuevas? Tal vez sea así. Salgo a la calle o me quedo en casa y recibo mensajes de amor, de paz, de felicidad… Papá Noel, los renos, los elfos, la nieve, las luces y no olvidemos sonreír a todo el que se cruce en nuestro camino. ¿Qué estamos celebrando?


Hace tiempo, mucho tiempo, en este mes de Diciembre se preparaba todo para que cuando llegase el día veinticuatro todo estuviese dispuesto: las madres encargaban un pavo, llevaban al horno dulces que alegraría a los niños de la casa, niños que habían traído de su colegio felicitaciones entrañables para colocar cerca del Belén que el padre y los más mayores habían instalado en un lugar preferente de la casa formando montañas, ríos y cielo estrellado. Se cantaban villancicos acompañados de zambombas y panderetas mientras el abuelo rasgaba la botella de anís para sacarle la música de todas la Navidades y luego, mas tarde, salía toda la familia alegre a  Misa de Gallo porque Navidad era eso, era celebrar que el Hijo de Dios nacía en un pobre pesebre para traernos Paz y Amor. Ya llegarían, el día seis de Enero, los Reyes Magos cargados de regalos para todos, pero eso sería cuando acabaran las vacaciones de Navidad.



Todo esto que recuerdo no tiene nada que ver con las “Fiestas Navideñas” de estos tiempos en que, acabado el sorteo de la lotería salen todos de vacaciones al crucero soñado, a la casa rural, a elegir el lugar donde se tomarán las uvas, con quien y toda la parafernalia propia de la gran fiesta de despedida de un año y alegría sin fin por el nuevo año y regalos, muchos regalos.

Yo quiero desearos Felices Navidades y repito la pregunta del principio: ¿Qué se celebra este mes? ¿Navidad o Fin de Año?



viernes, 15 de noviembre de 2019

Las matrioshkas de la Tertulia Athenea

 ¡Dios mío! ¡Qué afortunadas somos de pertenecer a esta tertulia! Los jueves, nuestros jueves en el Rectorado son como una reunión de muñecas rusas, las matrioshkas. Todas nos conocemos, todas creemos conocernos, pero en el fondo, dentro de cada una de nosotras hay otra persona más sabia, más buena, más profunda, más hermosa, más creativa  y esa nueva tertuliana nos sorprende cuando nos expone su trabajo.








Hoy ha sido uno de esos jueves mágicos. Carmen Rosique nos ha presentado un trabajo sobre los escultores murcianos del pasado siglo magníficamente elaborado. Durante cerca de una hora nos ha narrando la biografía de varios de ellos,  sus orígenes, sus estilos, sus influencias, mostrándonos sus obras más significativas.






No voy a nombrar a los escultores de los que nos ha hablado, porque ellos son suficientemente conocidos y premiados y porque el trabajo de Carmen ha consistido, precisamente, en investigar, estudiar y descubrirnos a nosotras sus obras.
















Como dice el refrán: “Quien quiera saber, a Salamanca a aprender”  y yo lo modifico diciendo: “Quien quiera aprender, a la Tertulia Athenea ha de volver”  (Perdonarme esta patochada, pero estoy muy feliz de seguir aprendiendo cada jueves de mis queridas matrioshkas)


Gracias Carmen por el magnífico trabajo expuesto esta tarde y que conste que tertulianas como tú, cada vez ponéis el listón más alto.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Olor a petricor





Cuando ayer empezaba a llover, después de tanto tiempo de sequía, me llegó un olor que me trasladó con toda rapidez a mi infancia, a mis lejanos veranos, a una época repleta de libertad. “Olor a ozono” comentó alguien a mi lado y yo, repelente, sabihonda y sabelotodo respondí: “no, huele a petricor”
Hasta hace cuatro días, más o menos, ayer mismo, yo también decía que esa tierra mojada me traía olor a ozono, pero he tenido que cumplir un montón de años para que una canija tan pedante como yo me sacara de mi error.
Cuando empiezan a caer las primeras gotas de lluvia en los cálidos días de la primavera o el verano recibimos un olor, dos olores, hasta tres olores diferentes: ¿es la lluvia o es la tormenta? ¿Es tal vez la tierra mojada? ¿A que huele?


Como sabéis lo curiosa que soy y que Google ha venido a reemplazar mi diccionario enciclopédico, he acudido a mi buscador preferido y ¡zas! Ahí están mis tres olores:
Ozono: Poco tiempo antes de que se desate una tormenta lo sentimos. Es un olor metálico muy característico y entonces decimos “va a llover” pero no es ese olor al que me refiero.
Geosmina: ¡Ahí queda eso! Una de las sustancias más destacadas del perfume de la tierra es la geosmina, producida por la bacteria “Streptomyces coelicolor”. La geosmina es la sustancia química que los camellos huelen cuando buscan agua para llenar sus jorobas (con perdón) y tampoco es ese olor.
Petricor: Se define como el aroma que acompaña a la primera lluvia tras un largo periodo de sequía. Procede del griego petra (piedra) e icor y es el nombre dado al olor que se produce al caer la lluvia en los suelos secos, equivalente al popular “tierra mojada” o simplemente “olor a lluvia”. En los años sesenta del siglo pasado dos geólogos australianos lo describieron como el olor que deriva de un aceite exudado por ciertas plantas durante períodos de sequía que queda absorbido en la superficie de las rocas y al entrar en contacto con la lluvia es liberado en el aire.


Como veréis no es ozono, ni es geosmina, sino PETRICOR el aroma que nos despierta los sentidos y nos transporta a los felices tiempos de nuestra infancia y juventud en el momento en que caen las primeras gotas de lluvia sobre el terreno seco en primavera o verano.

Ya lo dice el refrán: No te acostarás sin saber una cosa más.