viernes, 13 de enero de 2012

de vez en cuando la vida...



De vez en cuando, la vida nos besa en la boca...

Esta noche canturreo a Serrat y es que es verdad, que de vez en cuando la vida te da sorpresas, alegrías, te acaricia.
Hoy me han acariciado y no con manos. Hoy he recibido palabras amables, sonrisas, halagos y todo, sin saber por qué.
Hace meses que no me acercaba por aquí, porque no tenía motivos suficientes para escribir. Sí es cierto que no me puedo quejar de como me está tratando la vida, no tengo derecho a pedir el libro de reclamaciones, no, estoy viviendo una etapa dulce en la que todo va bien, yo estoy bien, mi gente está bien, pero tal vez por esa misma normalidad, no me doy cuenta de lo afortunada que soy por poder decir "no pasa nada", pero esta tarde me ha ocurrido algo muy curioso y sorprendente. Varias personas, sin ponerse de acuerdo y de forma sucesiva, me han dicho cosas agradables, me han ensalzado, me han felicitado y juro que no entiendo todavía el por qué de tanta amabilidad. Ha sido totalmente gratuito, no esperaban de mi nada a cambio. ¡Un regalo!
Desde el siglo pasado (y aseguro que no exagero) no me había sentido tan acariciada como esta tarde y lo más fabuloso de todo esto es que quienes me han prodigado todas esas palabras cariñosas ¡eran mujeres!
Eso ha sido lo que más me ha congratulado y lo que me ha dejado sintiendo mariposas dentro de mí.
Por eso canturreo con Serrat aquello de "De vez en cuando la vida nos pasea por las calles en volandas y nos sentimos en buenas manos"
Gracias a mis acariciadoras por reconciliarme con este planeta y sus habitantes. No tenéis ni idea del bien que me habéis hecho. Gracias, gracias y gracias.

jueves, 13 de octubre de 2011

La vida sigue igual


Esto es parte de la noticia que esta mañana he leído:

«He visto atrocidades en la carretera, porque soy camionero, pero lo de esta mañana (por ayer) me ha puesto los pelos como escarpias». Alonso Campoy acudió ayer a pescar con la carnaza que le había sobrado del día anterior. «Eran las ocho menos cuarto. Apenas había colocado la caña junto a las Salinas del Rasall, aquí en Calblanque, cuando he visto un bulto negro hacia el este. Creía que era un bidón que algún desaprensivo había tirado al mar. Luego, lo he visto cabecear hacia fuera y como la marejada lo volvía a traer a la costa, me he acercado y he visto una figura. Pero he caído en la cuenta de lo que era y el estómago me ha dado un vuelco», contó Campoy echando la mirada al suelo. Era lo que quedaba de uno de los tres cadáveres que la Guardia Civil buscaba desde el pasado jueves y que, según las fuentes consultadas, echaron de menos los supervivientes de una de las pateras apresadas la semana pasada.


Y esto es algo que escribí hace algún tiempo, tras escuchar una noticia semejante.

(Pasan los años pero todo sigue igual...)



En un lugar del Estrecho…
Un hombre mira hacia el cielo desde el fondo de una barca y sueña, quiere soñar que se ha convertido en niño y juega a ver en las nubes que cruzan el cielo azul, figuras que le recuerdan las cosas que ya conoce, lo que recuerda de antes, lo que va dejando atrás según se acerca a la costa, hacia el norte, siempre hacia el norte buscando lo que buscan en el norte tantos hombres y mujeres del otro lado del mar.
-Esa nube algodonosa se parece a un elefante con la trompa levantada. ¡No! Ahora ya no tiene trompa, ahora parece una casa y aquello su chimenea –comenta para sí mismo el hombre que yace ahí, en el fondo de la barca, mojado de las mil gotas de agua que salpican la patera- El aire sopla y empuja y lo va cambiando todo. La brisa va transformando la forma de aquella nube y ahora solamente es una enorme nube blanca con los bordes sonrosados allá en lo alto del cielo, de este cielo que es igual que el que veía hace días desde la blanca azotea de la casa de sus padres.
Rachid, el joven que juega a descubrir nuevas formas en las nubes desde el fondo de una barca, mira al cielo y ve que es el mismo cielo de su infancia, aquél que veía entonces desde la blanca terraza de la casa familiar, con sus hermanos mayores tumbados los tres allí, en el pedazo de sombra que la tapia les dejaba en las horas de calor de las tardes de verano, y recuerda que también, entonces, jugaban a descubrir animales o figuras diferentes en las nubes. Ahora ya no encuentra nada, se ha cansado de mirar y Rachid cierra los ojos y aún con los ojos cerrados ve chispitas de colores. -Por favor, dadme un poco de ese agua -pide en voz baja a los otros- Tengo sed. Pero ellos no le escuchan, sus palabras han quedado suspendidas en el aire como el negro cormorán que regresa desde el norte a refugiarse en invierno en las costas escarpadas de su tierra. Él va camino del norte y las aves que vislumbra llevan la ruta contraria.
-Tiene gracia -piensa Rachid- Nosotros vamos huyendo, buscando en el horizonte algo que sea parecido al jardín de las delicias y las aves migratorias van a anidar en las rocas de la costa que hemos dejando allí atrás. ¡Tiene gracia!
Rachid en su duermevela escucha como en susurros hablar a sus compañeros, pero no entiende que dicen. Los conoció hace días, antes de emprender la marcha. No conoce ni sus nombres, ni su vida, sólo sabe que les une el mismo afán.  Recuerda que en otro tiempo, cuando era niño, jugaba con sus hermanos y primos, que eran mil, y no encontraba motivo para dejar esa tierra, esa luz, los sabores y colores de su pueblo. Era una época feliz, pero ahora, según pasaron los años, han marchado uno tras otro a vivir esta aventura que él ahora se ha marcado, atravesar el estrecho, llegar hasta tierra firme, encontrarse con su gente que le espera y conseguir el dinero que en su país necesitan sus padres y sus abuelos. Por eso hace este viaje y cuando lleguen a España, trabajará dignamente y despues regresará para buscar una esposa entre las hijas del pueblo, tal como han hecho los otros que cruzaron el estrecho
Rachid tiene hambre y frío. La barca sigue teniendo el fondo lleno de agua y aunque la van vaciando, a cada rato se vuelve a llenar de nuevo y él tumbado ahí, en el fondo, lleva mojada la ropa, pero no le quedan fuerzas para sentarse en la borda, además, le han advertido que si se mueve, peligran, porque puede zozobrar y caer todos al mar. El mar se está oscureciendo, las nubes van ocultando el cielo que antes lucía y el sol... -¿Dónde está ahora el sol? -pregunta a sus compañeros- Estos se ríen sin ganas. -Mira que pregunta éste. Pero a Rachid no le importa si le responden o no. Tiene ganas de dormir. No consigue calcular el tiempo que lleva así, mareado y aturdido por el batir de las olas y sin comer ni beber desde que salió del puerto. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? No puede pensar en ello, se descentra recordando todo lo que ha  ido dejando: a su pueblo, a sus padres, a su abuela y a los juegos que jugaba en la plaza de su pueblo siendo niño. No vienen a su memoria las cuestiones más cercanas, las de ayer o las de hace pocos días, pero ve con nitidez los sucesos de su infancia y los rostros de la gente de ese tiempo. Cierra de nuevo los ojos y le parece escuchar las voces de sus amigos riendo y contando cosas que casi ya había olvidado. Se sonríe  al recordarlos y  los hombres de los remos comentan con los demás -¿de qué se reirá éste ahora? La cosa está para bromas.- y Rachid vuelve a abrir los ojos y los mira uno a uno y piensa -no los conozco. Sólo conocía al hombre que le avisó de que ya estaba dispuesta la travesía por no sé qué coincidencia de la luna, las mareas, el viento que es favorable... Ese hombre le presentó al resto y como eran muchos, no recuerda ni sus nombres, ni quiere tener con ellos más relación que la justa para llegar a la costa, porque sabe que al llegar tendrán que salir corriendo a ocultarse entre las dunas. Está tenso y muy nervioso, esperando descansar un momento y cuando reponga fuerzas, sustituirá en los remos a uno de ellos y es que no sabe muy bien, si es que se ha roto el motor, que es muy viejo o tal vez que el combustible se acabó antes de tiempo o es cosa de las bujías, pero el caso es que ya llevan… ni siquiera sabe ya cuántas horas han pasado, remando para llegar antes que se acabe el agua, porque ya queda muy poca al fondo de la vasija y esta sequedad de sal que le cubre todo el cuerpo y le quema…
            Pasa el tiempo lentamente, todo permanece igual, el mismo mar y ese cielo y esas nubes que aparecen y se van, dibujando diferentes personajes que los miran navegando lentamente hacia el norte, siempre al norte. En el aire las gaviotas sobrevuelan lentamente la patera repleta de hombres cansados, tan cansados que no hablan entre ellos, sólo reman o descansan reponiéndose en el fondo de la barca, como Rachid, que abre los ojos y descubre allá en lo alto una nube con la forma de elefante, otra vez, con la trompa levantada, que dicen que es señal de buena suerte y sonríe y vuelve a cerrar los ojos y ya no los vuelve a abrir y no leerá la noticia que aparecerá en la prensa:
“Un cuerpo sin vida ha sido avistado a cuatro millas de la costa. El cadáver, que aún no ha sido identificado, pertenece probablemente a uno de tantos hombres que intentan llegar en pateras. Flotaba a la deriva, destrozado, como suele suceder con los ahogados en el mar". 

viernes, 7 de octubre de 2011

Nada es por casualidad

Acabo de encontra este artículo en el blog de   http://amistad.invision-foro.org y no he podido resistir la tentación de copiarlo: Estoy totalmente de acuerdo


Nada es por casualidad

domingo, 7 de agosto de 2011

sin comentarios...



Más Libres pide a la Fiscalía actuar contra el agresor de la mujer golpeada por llevar un crucifijo

CEUTA, 6 DE AGOSTO DE 2011.- La portavoz de la iniciativa MasLibres.org por la libertad religiosa, Olga Cuquerella, ha condenado este sábado la agresión a una mujer en Ceuta por llevar un crucifijo, y ha pedido a la Fiscalía que actúe de oficio y con rigor para que el peso de la Ley caiga sobre el autor de este execrable atentado a la libertad personal”.
Julia Quintana, vecina de Ceuta, sufre la fisura de una de sus costillas y ha permanecido hospitalizada durante el viernes como consecuencia de los golpes propinados por un hombre que la abordó en la calle el pasado jueves, la intimidó con insultos por llevar un crucifijo y la agredió al negarse a quitárselo.
La víctima se dirigía a su casa cuando se cruzó con dos hombres que empezaron a insultarla por llevar un crucifijo. Uno de ellos la golpeó con saña, hasta causarle una fisura en una de sus costillas, así como diversas contusiones. La agresión se produjo cerca de la casa y el marido, alertado por los gritos de su esposa, bajó a la calle y consiguió retener al agresor, que ha sido detenido.
La portavoz de MasLibres.org ha lamentado que el Ministerio del Interior y el Gobierno sigan mirando para otro lado ante la escalada agresiva  contra las comunidades cristianas”.
Olga Cuquerella pidió al Gobierno y a los partidos políticos “que abran los ojos y actúen para frenar las manifestaciones, cada vez más frecuentes, de odio religioso contra los cristianos en nuestro propio país”. 
“Se ha estado jugando con fuego en los últimos siete años”, observó la portavoz de MasLibres.org. “Se han azuzado desde el Gobierno”, dijo, “el prejuicio, el rencor y la agresividad contra la Iglesia, se ha estigmatizado y denigrado a una parte de los españoles simplemente por el hecho de creer en Dios y manifestar su fe. Esa irresponsable actitud de muchos dirigentes, empezando por el presidente Rodríguez Zapatero, ha traído este clima de intolerancia que recurre cada vez más a la violencia contra los cristianos”.
Olga Cuquerella ha recordado que MasLibres.org nació en abril de este año para promover la libertad religiosa como uno de los pilares de la convivencia y alertar de los ataques que este derecho fundamental está sufriendo en nuestro país, con el cierre y la ocupación de iglesias y capillas, la retirada forzosa de crucifijos de colegios, la supresión de tradiciones y fiestas cristianas y la moda de ridiculizar en  los medios de comunicación a los católicos por sus símbolos y costumbres.
MasLibres.org cuenta ya con 140.000 miembros activos en toda España. La iniciativa ha activado una campaña de recogida de firmas para pedir al Congreso una resolución en la que se inste al Gobierno a adoptar medidas para garantizar el ejercicio de la libertad religiosa y de culto y proteger a los creyentes de ataques como el sufrido este jueves por la señora Julia Quintana en la ciudad de Ceuta.

sábado, 6 de agosto de 2011

Todos tenemos parte de culpa


Esta pasada semana leí una noticia, dentro del conjunto de noticias que leemos, escuchamos o vemos en los informativos, que me ha impresionado muchísimo. Estamos tan saturados de noticias macabras y sórdidas que ya apenas nos conmueven, pero esta noticia, en particular, me ha dolido porque refleja como esta sociedad tan avanzada que hemos construido es en realidad algo duro e insensible.
La noticia la fui leyendo poco a poco y según avanzaba en su lectura me iba encogiendo por dentro:
“Ha muerto una niña de diez años asfixiada dentro de un contenedor” y pensé; que pena, que por culpa de un accidente o una imprudencia haya muerto una niña tan pequeña.
Seguí leyendo:”Su familia la encerró en el contenedor por robar un helado” y eso ya me pareció excesivo. Avancé en la lectura de la noticia: “la niña había cogido (no robado) sin permiso un helado del frigorífico de casa”. ¡Cielos santo! ¿Como se puede penalizar de esa forma a una criatura, que frente a los calores del verano de Arizona, pretende suavizarlos con un refrescante helado de casa?  
Compadecí a la pobre niña por vivir en el seno de una familia tan cruel y severa, pero a continuación aparecían los comentarios de los vecinos y ahí si que me pareció que todos somos responsables, por no actuar y mirar hacia otro lado ante hechos como los que a continuación describían:
“No era la primera vez que castigaban a la niña de esa forma” “Otras veces la castigaban sacándola en mitad de la noche y desnuda a la calle” “En varias ocasiones la obligaban a comerse las deposiciones de los perros” “Dormía sobre el pié de ducha sin ropa y sin almohada porque solía hacerse pis encima”…
¡Dios mío! ¿Cómo es posible que todo el entorno conociese lo que ocurría en esa casa y no hiciera nada para evitarlo? ¿Tan normal les parecía que no lo consideraban motivo de denuncia? ¡Todos lo sabían, todos lo veían y nadie hizo nada!
¡Pobre niña, pero también pobres de todos nosotros que no actuamos ante las injusticias o los malos tratos. Todos los días leemos u oímos noticias en las que la gente común (como tú y como yo) sale ante los medios a decir “se veía venir” “era muy violento” “con frecuencia oíamos… veíamos…” ¿Quién es el culpable? ¿Quien comete el delito o tal vez nosotros también tenemos gran parte de culpa por nuestra omisión?