sábado, 28 de julio de 2012

Hace veinte años...

Hace veinte años… 

Es una frase que estoy escuchando estos últimos días frecuentemente. Hace veinte años, cuando se estaban inaugurando los Juegos Olímpicos de Barcelona, ¿tú donde estabas? ¿Con quien viste la ceremonia de apertura? Muchos contestan que aún no habían nacido, otros no recuerdan apenas lo que ocurrió en aquel verano, pero yo si me acuerdo y tanto es así que desde hace veinte años, cuento los sucesos de mi vida tomando como eje y guía ese verano, ese mes, esa semana. Recuerdo sucesos y los describo iniciando el relato diciendo: eso fue después de 1992 o aquello ocurrió antes de ese año.
Verano de 1992, playa, sol, reuniones familiares, celebraciones festivas y multitudinarias. Encuentros ante la televisión para ver la inauguración de los Juegos Olímpicos, el desfile de los deportistas, el abanderado, las lágrimas de la Infanta Elena y mi madre siempre presente en todos esos momentos. Si acaso hubiese olvidado todo lo que sucedió ese día tengo ante mí aquella foto de grupo. Todos reunidos entorno a ella.
Después del día veintiséis, siguieron sólo tres días y mi madre se marchó. Luego comenzó otra Era y vinieron las bodas y los nietos y ella ya no estaba aquí para orientarme y guiarme, como siempre había estado, aconsejándome en los detalles que yo nunca detectaba. Se marchó como hacia siempre, en silencio, sin molestar, tan prudente, el día treinta de Julio de aquel año y desde entonces la extraño y la recuerdo y sé que hace veinte años hubo una Expo en Sevilla y en Barcelona unos Juegos Olímpicos.

domingo, 10 de junio de 2012

Subió una mona


Subió una Mona a un nogal.
Y cogiendo una nuez verde,
En la cáscara la muerde;
Con que la supo muy mal.
Arrojóla el animal,
Y se quedó sin comer.
Así suele suceder
A quien su empresa abandona.
Porque halla, como la mona,
Al principio qué vencer.

Ayer estuve en Moratalla. Fue un día muy agradable: amigos, ambiente, clima, comida, ¡mucha comida y toda muy rica!, incluso el regreso fue divertido, a pesar de los mil y un ruido del autobús y sus luces de colores, ahora roja, ahora cuatro, ahora parpadeo... Lo pasamos muy bien, pero yo no escribo esto por los amigos o los ricos alimentos y momentos que compartimos, no.
Ayer descubrí un árbol cuajado de extraños frutos redondos y verdes, cogí uno  y lo mordisqueé y al momento lo tiré ya que su apariencia no me gustó. Pregunté a la gente del entorno cual era su nombre y... ¡era un nogal y aquellas desagradables bolas verdes eran nueces!
Me acordé al instante de mi padre y de la fábula de Samaniego que tantas veces me recitó para enseñarme (como siempre me enseñó a través de fábulas y anécdotas) que las cosas no son fáciles, que los principios siempre cuestan, que no hay que renunciar ante las dificultades iniciales.
Todo esto pertenece al siglo pasado, pero ayer, en Moratalla, el nogal me volvió a recordar que aun sigue siendo necesario el esfuerzo y la constancia para lograr resultados.


lunes, 28 de mayo de 2012


¿Por qué vivo aquí? 

Cuando alguien me pregunta que por qué vivo tan lejos del centro de la ciudad, con lo  absurdo que resulta depender continuamente del transporte: coche, taxi, autobús o amigos, casi nunca sé contestar. Todos me hablan de las grandes ventajas que supone salir de casa y encontrarte en la calle con tantos escaparates, tiendas a tiro de piedra, cafeterías, teatros, amigos... que me quedo siempre callada con la sensación de estar perdiéndome algo muy valioso ¿a cambio de qué?
Es Mayo y ya sé cuál es la respuesta: las rosas de mi jardín. Cuando despierta este mes y salgo a dar una vuelta alrededor de mi casa, me sorprende cada año la presencia de mis rosas. Las hay de todos colores, rojas que al nacer parece que son negras de lo oscuro que se muestra el capullo cuando nace, rosa, pero en tres matices distintos, que se abren poco a poco, amarillas y hasta ¡malvas! ¿ habéis visto alguna vez rosas de ese color?
No muestro ninguna imagen de mis rosas, porque a veces les hago fotografías y nunca consigo en ellas mostrar su belleza, la suavidad de sus pétalos, el aroma con que adornan durante días y días mi casa, a lo largo del mes de mayo. ¡ya sé por que prefiero vivir tan lejos de la ciudad!


lunes, 14 de mayo de 2012

Ayer, trece de Mayo, se cumplían cuarenta y seis años del fin de una etapa y el principio de una nueva en mi vida. 
En mí existen dos personas, más bien varias personas más, de las que en algún momento os hablaré, pero hace cuarenta  y seis años que se esfumó aquella que había nacido y vivido entre nubes de algodón y apareció cubierta, como siempre aparecen los recién nacidos, de sangre, moratones y llanto, aquella de la que ayer se cumplió el aniversario. 
La crisálida que vivía en la oscuridad cálida de la vida familiar, había abierto, hacía poco, las hermosas alas de colores de la adolescencia y juventud alegre, haciendo todo tipo de proyectos de futuro. Voló la mariposa por jardines perfumados y alzó el vuelo hacia el sol y voló durante un corto periodo de tiempo, muy corto y sin que nadie le alertara. sin la mínima sospecha de tormenta, el cielo azul en el que transcurría su vida, se tornó bruscamente, en cuestión de unas horas, en terrible huracán que empezó a golpear a la criatura ingenua a lo largo de trece horribles días: uno, dos, tres... trece días, cada uno peor que el anterior, pero ninguno más terrible que el décimo tercero en el que acabaron tantas cosa;  la vida de mi padre, la sonrisa alegre de mi madre, la ilusión de los planes previstos, la fe en las personas más cercanas... 
De la misma manera que en la Biblia se cuenta que el velo del templo se rasgó un Viernes Santo, también se me rompió el telón de mi vida aquel día de mayo, dejando al descubierto vileza, sin razón, egoísmo, desprecio, soberbia, miserias que existían y que desconocía que estuvieran ocultas por el telón de fondo del hermoso escenario de mi vida pasada.
Han pasado los años, he vivido otras vidas, momentos muy felices, tristezas, emociones y ahora soy como esas muñecas, las matriuskas, que ocultan en su interior, muñecas y muñecas, distintas, parecidas, diferentes, iguales... cada una de ellas tiene una historia propia y al final ¿quien soy yo? ¿la pequeña? ¿la grande? ¿la mediana? ¿Soy aquella que vio morir un día de mayo, ya lejano, al padre al que aún añoro? ¿o la madre, la hermana, la abuela que ahora soy? No lo sé, solo sé que aquel día algo grande ocurrió y marcó para siempre mi vida. Aún te extraño, papá, hasta luego.

domingo, 1 de abril de 2012

POEMA DE SARAMAGO



POEMA DE SARAMAGO
¿Que cuántos años tengo? - ¡Qué importa eso !
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido...
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo/a,
y otros "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!...
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo?

¡Eso!... ¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!!.
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!