viernes, 31 de julio de 2009

Tipos de agenda


Tengo una amiga que lleva consigo una agenda "cutre" con hojas arrancadas y perdidas, los bordes mugrientos de tanto sobarla y cosas escritas de todo tipo desde los teléfonos (normal), direcciones (normal), recetas, cuentas, frases escuchadas en algún lugar, tarjetas de visita, notas de compra y muchas más cosas que hacen que aparente ser una libreta "preñada" del voluminoso aspecto que presenta.

Ella, mi amiga, es muy ordenada, limpia y no es su estilo el que tiene su agenda y cuando le he preguntado que cuando piensa comprarse una nueva agenda y descarta este vejestorio de libreta siempre me contesta igual: No soporta borrar a ninguna de las personas que allí aparecen. Muchos han muerto ya, otros han desaparecido de su vida, han dejado de ser importantes, hay teléfonos que jamás piensa volver a utilizar pero no soporta eliminar de un plumazo a quien fue parte de su vida. Tiene la concepción de que con mantenerlas en su agenda, no ha desaparecido todavía. Todas y cada una de las personas que allí están (desde hace más de veinte años o tal vez más) siguen con ella y no quiere que se pierdan en la papelera de un año nuevo cualquiera.

Otro amigo, más flexible, menos apegado sentimentalmente a las personas, me dijo hace muchos años que un método para saber si estamos viviendo la vida consiste en hacer a primeros de cada año una nueva agenda y comprobar los nuevos nombres, teléfonos y direcciones que añadimos y aquellos que suprimimos. Según este amigo podemos hacernos un sencillo test de evolución, ya que si el número de personas que borramos cada año es superior al de nombres añadidos... ¡mala cosa! Eso quiere decir que estamos envejeciendo y perdiendo relaciones, pero si añadimos muchos nombres nuevos y borramos pocos es una buena señal, quiere decir que nuestra vida social está creciendo y aún seguimos confiando en los demás y vemos la vida de forma optimista.

¿Como debo funcionar? ¿como mi amiga o como mi amigo? No lo sé. Sé que es triste suprimir de nuestra agenda a personas que fueron fundamentales en nuestras vidas y que con ese gesto tan simple como es no añadirla en la nueva libreta la estamos eliminando de nuestra memoria, de nuestro corazón y de nuestra vida, pero tambien es verdad que es una inyección de optimismo el añadir y añadir nuevas personas, con sus experiencias y nuevos enfoques de vida.

viernes, 17 de julio de 2009

El mejor regalo: EL TIEMPO


Me ha llegado esta anécdota y yo os la hago llegar:
LOS TRES ÚLTIMOS DESEOS DE ALEJANDRO MAGNO
Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:1 - Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.2 - Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y... 3 - Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones y Alejandro le explicó:
1 - Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2 - Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3 - Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo."EL TIEMPO" es el tesoro más valioso que tenemos porque ES limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo.
Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida.
EL MEJOR REGALO que le puedes dar a alguien es tu tiempo

miércoles, 15 de julio de 2009

Edad mediana












¡Que sutileza!

Al llegar a mi edad, hay días que te despiertas deprimida y triste, añorando a los que ya no están, comprobando como "aquello que la madre naturaleza te dió, lo va destruyendo el padre tiempo" pero otras veces miras en derredor y no te queda más remedio que sonreir al comprobar que aún estamos a tiempo de hacer cosas, conocer nuevas gentes, ser felices haciendo felices a los demás.
Alguien, que me aprecia, me ha enviado este correo electrónico y ha conseguido hacerme reir.
Espero que a vosotros tambien os levante el ánimo.

MEDIANA EDAD

Tú sabes que estás llegando a la mediana edad cuándo todo duele o lo que no duele no funciona.
Mediana edad es cuando tu edad empieza a aparecer en la cintura.
Mediana edad es cuando todavía tienes ganas pero no te acuerdas de qué.
Mediana edad es cuando tienes ganas de hacer gimnasia y te duermes esperando que se te pase.
Mediana edad es cuando tu médico te recomienda ejercicio al aire libre y tú te subes al coche y conduces con la ventanilla abierta.
Mediana edad es cuando comienzas a apagar las luces por economía y no para propiciar el acercamiento.
En la mediana edad, las cenas a la luz de la vela ya no son románticas ya que no se consigue leer el menú.
Mediana edad es cuando en lugar de peinarte empiezas a 'acomodar' los pelos que te sobran.
Infancia: época de la vida en que hacemos muecas en el espejo. Mediana edad: la época de la vida en la que el espejo se venga.
Hay tres períodos en la vida: infancia, juventud y “se te ve espléndido".
Estás en la mediana edad
¡Animo! ¡Lo peor todavía está por llegar!
Mediana edad es cuando dejamos de criticar a la generación más vieja y empezamos a criticar a la generación más joven.
Mediana edad es cuando sabemos todas las respuestas y nadie nos pregunta nada.
Mediana edad es cuando si alguien se te viene encima en el cine es porque está buscando el pasamanos.
Mediana edad: primero se comienzan a olvidar los nombres, después los rostros y finalmente de subir la cremallera.
Mediana edad, en fin, es cuando ya no tenemos edad para dar malos ejemplos y pasamos a dar buenos consejos...
“No hay remedio para el nacer o morir, lo único que nos queda es saborear el intervalo".

sábado, 11 de julio de 2009

Cartagena: el mar, la mar...


Cartagena siempre ha estado unida al mar, a la mar.

El mar, amigo entrañable donde navegar, bañarse o pescar. Ese mar de infancia y juventud, de paseos en barca desde la dársena chica hasta la playa de La Cortina y regresos repletos de sol y de sal. La patacha con sus bellos chicos lanzándose al mar y hermosas jovencitas con bañadores estilo Esther Williams. Los pasarelas ¿portalones? de los barcos de guerra amarrados al puerto, los tinglados del muelle comercial cuando aún no existía el muelle de atraque de cruceros... El mar.


La mar, esa mar oscura llena de grasa que se agarra a los bloques de San Pedro y a los cascos de los barcos. Esa mar que se enoja, pero nunca dentro de la rada. La mar que hace llorar a las viudas y a los huérfanos. la que destruye familias: La del Sirio y la de Reina Regente.


Esta semana se ha firmado un acuerdo entre los ministerios de Cultura y Defensa para buscar
en aguas de Barbate "El Reina Regente", un barco muy ligado a la historia de Cartagena.


Cartagena y el mar, la mar y La mar de música, La mar de letras, La mar de arte... Todas las mares tienen cita en estos días en Cartagena. No podemos permanecer en la playa, mientras Cartagena huele a música, sabe a té y muestra el arte de su nueva edición de La mar de música.

viernes, 26 de junio de 2009

Lydia Salvius

Hoy es día 26 de Junio de 2009 y para mí esta fecha es muy importante y no sólo porque sea el santo de mi nieto Josemaría, sino porque por primera vez me atrevo a "colgar en la red" uno de mis escritos. Perdonar mi atrevimiento.



LYDIA SALVIUS
(Cartago Nova, Siglo I, un día cualquiera)

A Lydia le gusta ese sitio. Toda la mañana la ha pasado sentada en la parte más alta de la vieja colina que hay en la parte de atrás de su casa. Desde allí se contempla el trasiego incesante de barcos que entran y salen del puerto, grandes y pequeños, barquillas que a veces tan solo llegan hasta aquella isla que se ve allá enfrente; barcos que transportan a la capital aceites y garum, para ser consumidos en banquetes lujosos y esplendidos que ofrece a sus nobles leales el amado Augusto. En el puerto siempre hay movimiento de tropas que vienen y van, cargamentos de plata y de plomo que produce esta tierra tan rica y generosa.
Este mirador abierto a la rada, se ha convertido, desde hace unos meses, para Lydia en el lugar preferido, donde acude cada vez que la pena y la soledad la invaden y allí con la brisa, que quiere creer que le habla al oído y le trae las caricias soñadas de su amado Lucio, nota que la ausencia es menos dolorosa. Desde este lugar ella vio alejarse el navío trirreme que se lo llevó al otro confín de este mismo mar. Su futuro esposo se marchó hace tiempo, en respuesta a un llamado de Roma, a servir a las órdenes de aquel general cuyo nombre ha olvidado, pero que muy pronto todos honrarán y repetirán una y otra vez, ensalzando sus grandes conquistas. Pero eso aún no lo sabe Lydia. Lo sabrá después.
Hace rato que espera a su madre, la hermosa y prudente Lucila, esposa de Salvius, nombrado hace poco Pretor y al que su hija ve últimamente muy atareado, siempre discutiendo de temas jurídicos y comerciales con otros personajes que son importantes al igual que él: Magistrados, Sacerdotes del templo, emisarios de Roma. Menos mal que tiene a su madre con ella, que la anima a salir de la villa cuando observa que la pena de amor por la ausencia de Lucio cubre sus mejillas de llanto y siempre aparece sonriendo, proponiendo excursiones diversas para distraerla. Desde hace días sabe Lydia que esta tarde saldrán de paseo por calles y plazas, que visitarán las pequeñas tiendas que hay detrás del Foro y luego más tarde irán al Teatro.
Por fin ha acabado su madre, la sin par Lucila, que sale de sus aposentos arrastrando tras ella aromas traídos de Oriente, vestida con hermosas galas y adornada con joyas, regalo de su amado esposo. Lydia la contempla admirando la magnifica estampa que presenta al verla salir dando mil consejos y recados a todo el servicio que las acompaña hasta el bello atrio que bordea la casa.
Bajan desde la colina, recogiendo el vuelo de sus ricas túnicas y giran primero a la izquierda para continuar paseando hasta el Foro, atraviesan la vía que cruza por el decumanus hacia el cardum máximus. Allí, entre el tumulto de gente que entra y que sale de las tiendas que hay en la plaza, saludan a algunos patricios que regresan de las termas y se dirigen presurosos al Teatro, donde ya les esperan sus parientes y amigos. Al pasar por delante de la Curia, Lydia contempla admirada la magnífica estatua de Augusto que la preside y el lujoso suelo de mármol traído en los grandes barcos que arriban al puerto de esta próspera ciudad.
Todos las conocen y saludan al pasar con gran respeto. Siguen caminando por el decumanus máximum alejándose del bullicio de los pequeños comercios y sumándose a los amigos que, al igual que ellas se dirigen también al teatro. Durante todo el trayecto su madre la observa en silencio comprendiendo su triste expresión. Nota que le cuesta prestar atención a las cosas banales que ella le cuenta para distraerla. Le podría decir que lo mismo que está ella sufriendo, lo vivió hace tiempo, pero guarda silencio evocando aquel tiempo lejano y recuerda como ella también lloró con las largas ausencias de Salvius, las guerras lejanas, el no saber nada y temerlo todo.
Al subir la empinada cuesta que conduce a los aditus de la parte inferior, sorprende la madre una leve sonrisa en el rostro sereno y hermoso de su hija amada y comprueba que ha sido causado al mirar los puestos que algunos de los artesanos han instalado entre los jardines del pórtico, donde se pasean los nobles patricios a la espera de que se reanude de nuevo el espectáculo. Allí sobre una pequeña mesita cubierta por un tosco paño azul, se muestran algunas de las muchas joyas que suelen realizar estos artífices: collares, pulseras, anillos y broches se exponen a la contemplación de los nobles patricios. La mirada de Lydia está fija en una sortija dorada con una turquesa de un azul semejante a sus ojos y la madre no duda. Es la única cosa que ha sido capaz de alejar de su rostro la pena por la ausencia del amado Lucio e introduce su mano en la bolsa que porta sujeta en el cinturón y le da unas cuantas monedas al orfebre que ha conseguido distraer, aunque sea tan solo por breves momentos, a su hija amada y cogiendo el anillo le dice: - Tómalo, yo te lo regalo a cambio tan solo de una sonrisa. Y Lydia sonríe, lo coge ligera y se lo coloca en el dedo anular de su mano derecha y lo observa feliz.
Su madre la toma del brazo y tirando de ella la hace subir y subir. Pasan por delante de los vomitorios de la media cavea, avanzan como llevadas por el velum que cubre las gradas, siguen ascendiendo, están junto al pórtico de la summa cavea y llegan por fin hasta los jardines de olorosas rosas de la parte alta y allí, jadeantes por la caminata, pero alegres como dos chiquillas, contemplan el puerto. Ese puerto que ha visto marchar al amado y que ambas anhelan que regrese triunfante algún día de estos.